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Demasiado con la vocecia que no se calla!

En promedio el corazón late unas 100 mil veces al día. Sin embargo, nosotros no lo notamos. Y esto tiene una explicación. Según una reciente investigación, nuestro cerebro “silencia” los latidos para evitar que el constante sonido (casi 70 veces por minuto) interfiera con nuestra percepción del mundo exterior, lo que nos llevaría a la “locura”.

El estudio, llevado a cabo por neurocientíficos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPLF), en Suiza, fue publicado en la última edición de la revista especializada The Journal of Neuroscience.

Para el trabajo, los investigadores pidieron a 150 voluntarios que miraran una figura octogonal que parpadeaba en una pantalla. Y para su sorpresa, estas personas tenían más dificultades para procesar esa imagen cuando aparecía y desaparecía al mismo ritmo que los latidos de su corazón.

Leé también: Descubren que situaciones felices también generan riesgos cardíacos. Esa fue la pista que siguieron para localizar la zona específica de nuestra masa gris que intercepta el sonido que produce el bombeo del músculo cardíaco. Lo consiguieron al repetir el ensayo examinando que pasaba en el cerebro de los voluntarios mediante resonancias magnéticas. Así vieron que la actividad de un área llamada corteza insular caía abruptamente cuando el parpadeo de la imagen se sincronizaba con el ritmo cardíaco. Es decir, entonces, su función de amortiguador fallaba e impedía a los sujetos concentrarse adecuadamente en lo que estaban viendo.

“No es conveniente que tus sensaciones interiores interfieran con las exteriores. Puesto que el corazón ya estaba latiendo cuando tu cerebro se estaba formando, estás expuesto a su sonido desde el principio mismo de tu existencia.

No es de extrañar que exista un mecanismo cerebral para ponerlo en sordina”, explicó Roy Salomon, científico del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva del EPLF y uno de los autores de la investigación.

Además, la consciencia del propio ritmo cardíaco sólo ocurre cuando vivimos momentos de suma tensión. En la vida normal, nos olvidamos de él, a no ser que suframos trastornos de ansiedad.

En síntesis, gracias a nuestro cerebro, el sonido de nuestro corazón no nos vuelve locos. ¡Salud!

Antes de la copa, una botella!

Jamie Vardy fue la gran figura del Leicester campeón. Con sus goles (22 y uno de los máximos anotadores de la temporada), el equipo se convirtió en la revelación de la Premier League, título que obtuvo por primera vez el lunes, cuando Tottenham empató con Chelsea y le permitió la consagración antes del final de la temporada. Sin embargo, el delantero tiene un pasado oscuro. “Vardy iba borracho a los entrenamientos”, confesó ahora el tailandés Aiyawatt Srivaddhanaprabha, hijo del dueño del club, en una entrevista con el diario británico The Sun.

“No sabíamos qué hacer con Vardy. Venía a los entrenamientos borracho cada día. Ascendió directamente de lo más bajo a la Championship y empezó a beber alcohol diariamente. Yo ni siquiera sabía que bebía hasta que alguien me dijo que llegaba a entrenar borracho. Hablé con él y le pregunté: ‘¿Deseas poner fin a tu carrera? ¿Quieres seguir así?

No esperes una buena carrera’”, reconoció Srivaddhanaprabha, hijo de Vichai, el magnate que compró al Leicester.
La llegada de Vardy al club se produjo en 2012 a cambio de un millón de libras (casi un millón y medio de dólares) y el dinero terminó siendo un problema para él. “Me dijo que no sabía qué hacer con su vida. Que nunca había ganado tal cantidad de dinero. Entonces, le respondí ‘Yo he invertido en ti. ¿Me vas a dar algo a cambio? ¿Cómo crees que debe ser tu vida?’”, agregó el vicepresidente del Leicester.

Sin dudas, la conversación que mantuvieron hizo que el delantero recapacitara. Tanto que hoy, cuatro años después, se ha convertido en la figura del equipo revelación que conquistó un título inédito para el club. “Dejó de beber y comenzó a trabajar duro en los entrenamientos. Su físico no era tan bueno como ahora. Sabíamos que tenía una aceleración explosiva, pero no teníamos ni idea de que pudiera ser tan bueno. Se ha convertido en una nueva persona”, concluyó el tailandés. Vardy, además de ser uno de los goleadores de la Premier League, se ganó también un lugar como delantero del seleccionado inglés.

La amistad es felicidad.

Quien tiene un amigo tiene un tesoro, dice el refranero popular y ahora la ciencia parece darle la razón, pues según un estudio, las personas con una amplia red de amistades muestran más tolerancia al dolor y ello gracias a las endorfinas.
Las endorfinas son un neurotransmisor que actúa como analgésico natural del cuerpo y que proporciona sentimientos placenteros, además algunos estudios sugieren que promueve los vínculos entre humanos, según publican esta semana los sitios de Live Science, Nature y The Guardian.
La estudiante de doctorado Katerina Johnson de Psicología Experimental en la británica Universidad de Oxford estaba analizando si diferencias neurobiológicas podían explicar por qué algunas personas tienen una red social más amplia que otras.
Johnson se centró para su estudio en las endorfinas, pues también quería probar la teoría de que las interacciones sociales disparan emociones positivas cuando ese neurotransmisor se unen a los receptores opioides del cerebro, lo que nos proporciona la sensación de bienestar cuando estamos entre amigos.
Para probar esa teoría, Johnson explicó que se basaron en que “las endorfinas tiene un poderoso efecto analgésico, incluso mayor que la morfina”. Por ello, los investigadores usaron la tolerancia al dolor como forma de evaluar la actividad de las endorfinas. Si la teoría era correcta, las personas con una mayor red social tendrían más tolerancia al dolor y esa fue la conclusión de su estudio. “La amistad puede realmente ayudar a aliviar el dolor”, indicaba esta semana un comunicado.
“Estos resultados son también interesantes porque recientes investigaciones sugieren que el sistema de la endorfina puede verse alterado cuando hay desórdenes psicológicos como la depresión. Esta puede ser parte de la razón por la que las personas deprimidas sufren falta de placer y se aislan socialmente”, agrega la nota.
El estudio también sugiere que la cantidad y calidad de las relaciones sociales afectan a la salud física y mental “e incluso puede ser un factor determinante sobre la duración de la vida”. La psicóloga señaló que, como especie, los humanos han evolucionado para “desarrollar un rico ambiente social, pero en la era digital la deficiencias en nuestra interacción social pude ser uno de los factores ignorados que contribuyen al decline de la salud en nuestra sociedad moderna”.